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EL MODELO SANADOR DE JESUS (INTRRODUCCION A LA CAMPANA DE SANIDAD)

EL MODELO SANADOR DE JESÚS

Introducción a la Campaña “Decisiones que Sanan Tu Vida”

Restaura a los abatidos y cubre con vendas sus heridas. Salmos 147:3 (NVI) ¿CÓMO SANA JESÚS A LAS PERSONAS? El hombre paralítico. Mateo 9, Marcos 2, Lucas 5

1. ÉL CALMA MIS ________________________________________ Unos hombres le llevaron un paralítico, acostado en una camilla.

Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: — ¡Ánimo, hijo; tus pecados quedan perdonados! Mateo 9:2 (NVI) Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Hebreos 4:15 (NVI)

2. ÉL CONFRONTA MIS ________________________________________ Jesús dijo: —Amigo, tus pecados quedan perdonados. Lucas 5:20 (NVI) Confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. Santiago 5:16 (NVI)

3. ÉL DESAFÍA MI _____________________________________________ “—se dirigió entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y el hombre se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud se llenó de temor, y glorificó a Dios...”. Mateo 9:6-8 (NVI)

¿CÓMO DEMUESTRO MI FE? 1. Admito que necesito ayuda. 2. Creo que Cristo me ayudará. 3. Hago todo lo que Él me diga.

7 VIRTUDES DE UN GRUPO PEQUEÑO SANADOR

1. ____________________: se ocuparon de un amigo que sufría. Cada uno debe agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo. Romanos 15:2 (NVI) No hay que buscar el bien de uno mismo, sino el bien de los demás. 1 Corintios 10:24 (DHH)

2. ____________________: creyeron que Jesús lo sanaría. Al ver la fe de ellos, Jesús dijo: —Amigo, tus pecados quedan perdonados. Lucas 5:20 (NVI) …podremos ayudarnos unos a otros gracias a la fuerza de esa confianza que tenemos en Dios. Romanos 1:12 (NVI) Anímense los unos a los otros, y ayúdense a fortalecer su vida cristiana. 1 Tesalonicenses 5:11 (BLS)

3. ____________________: no solo oraron, además actuaron. Unos hombres le llevaron un paralítico, acostado en una camilla. Mateo 9:2 (NVI) Ve por los caminos y las veredas, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa. Lucas 14:23 (NVI)

4. ____________________: no se desanimaron por las circunstancias. No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Gálatas 6:9 (NVI) Dios tiene paciencia con ustedes, porque él no quiere que nadie muera, sino que todos vuelvan a obedecerle. 2 Pedro 3:9 (BLS)

5. ____________________: se atrevieron a hacer algo diferente. …pero no encontraban por dónde meterlo, porque había mucha gente; así que subieron al techo y, abriendo un hueco entre las tejas, bajaron al enfermo en la camilla, allí en medio de todos, delante de Jesús. Lucas 5:19 (DHH) Busquemos la manera de ayudarnos unos a otros a tener más amor y a hacer el bien. Hebreos 10:24 (DHH)

6. ____________________: se unieron para ayudar a su amigo. …subieron a la azotea y lo bajaron con la camilla a través del techo, poniéndolo en medio… Lucas 5:19 (LBLA) QUÉ HACER: 4 maneras en las que tu grupo puede cumplir su misión

7. ____________________: ¡pagaron el techo que rompieron! Por eso les digo que se valgan de las riquezas mundanas para ganar amigos, a fin de que cuando éstas se acaben haya quienes los reciban a ustedes en las viviendas eternas. Lucas 16:9 (NVI) Somos compañeros de trabajo al servicio de Dios. 1 Co 3:9 (DHH)

EL MODELO SANADOR DE JESÚS Introducción a la Campaña “Decisiones que Sanan Tu Vida” Tom Holladay 29 y 30 de agosto de 2009 Toda la familia de Saddleback, tanto en este campus como los demás centros regionales y puntos de reunión, se está preparando para la campaña: “Decisiones Que Sanan Tu Vida”, que empezará dentro de un par de semanas. Será nuestra campaña de otoño. Esperamos con ansia todo lo que Dios va a hacer en mi vida y la de ustedes. No conozco una manera mejor de resumir todo lo que Dios hará en nuestras vidas en este otoño, que a través del primero de los versículos que está en nuestros bosquejos. Dentro de sus boletines hallarán un bosquejo con el mensaje de esta mañana. Contiene algunos de los versículos que consideraremos esta mañana. El primero de ellos es Salmos 147:3 [Dios] Restaura a los abatidos y cubre con vendas sus heridas. Esta es la razón por la que este otoño haremos la campaña Decisiones Que Sanan Tu Vida. Todos juntos la haremos. Porque todos nosotros tenemos un corazón que en algún momento ha sido abatido por un pariente, un amigo, por alguna circunstancia, por algún sueño que no se cumplió. Por algún motivo u otro, a todos se nos ha roto el corazón. Pero este verso también dice "heridas". Todos hemos sido heridos. Todos hemos sido heridos por algo que nos han dicho o hecho en el pasado. Tal vez abusaron de nosotros o nos maltrataron. Todos hemos sufrido heridas. Pero lo maravilloso de este verso es que usa las expresiones “restaura” y “cubre con vendas”. Les pido que las subrayen. Él sana a los quebrantados de corazón. Dios sabe que nuestros corazones están rotos y él está dispuesto a sanarlos. No tenemos que seguir viviendo en el pasado. Nuestro pasado no tiene por qué paralizar nuestro futuro. Lo maravilloso de este versículo es que dice que él cubre con vendas mis heridas. Él no nos mira y solo dice: “Estás herido. ¡Cuánto lo siento!”. Él venda nuestras heridas y quiere fortalecernos, esa es la idea aquí, cuando estamos sufriendo por nuestras heridas. Dios sabe lo que estamos atravesando. Él sabe lo que estoy sufriendo. Y quiere acercarse a mí para fortalecerme. Jesús sana. Jesús sana no solo lo externo, sino lo más importante, mi alma. Él sana mi vida. De hecho, si estudiamos el ministerio de Jesús y la manera en que él sanaba a la gente, descubriremos que siempre hacía tres cosas. Estudien todas los casos de personas que fueron sanadas por Jesús en la Biblia; verán que hay una suerte de patrón. Una manera de obrar que se repite. Hay tres cosas que Él hacía. Primero, él animaba a la persona; le daba una palabra de aliento. Segundo, la ayudaba a ver cuál era el problema real que tenía; no solo la superficie del problema, sino el problema real. Tercero, le pedía a la persona que diera un paso de fe. Jesús hacía lo mismo una y otra vez. De hecho, hoy nos vamos a dedicar unos minutos a considerar uno de los ejemplos de cómo Él hacía esto: la sanidad de un paralítico de nacimiento. Si se fijan en sus bosquejos, pueden ver que esta historia se menciona en Mateo, Marcos y Lucas. Tres de los cuatro evangelios cuentan la historia de este hombre, porque es un relato que ilustra cómo Jesucristo puede sanarnos. No se trata solo de aquel hombre. Se trata de mí. Se trata de ti. Nos habla de lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas. Vamos a abordar esta historia desde dos ángulos diferentes. Primero, lo haremos desde el punto de vista del hombre que fue sanado, a fin de ver cómo Dios quiere sanarnos a nosotros personalmente. Pero al analizar la historia, nos damos cuenta de que aparecen cuatro hombres que llevaron al enfermo al lugar en donde podía ser sanado. Así que, también consideraremos la historia desde el punto de vista de aquellos que llevaron al paralítico al lugar en donde podía ser sanado. ¿Cómo actúa Jesús en mi vida cuando tengo una herida que necesita sanidad, o un mal hábito o complejo que he adquirido? ¿Qué hace Jesús? Él hace tres cosas. 1. Primero, antes que nada, él calma mis miedos. Para sanar nuestras heridas del pasado o algo que está oculto en nuestra vida, Él nos sorprende calmando nuestros miedos. Quiero que se imaginen la escena que se estaba desarrollando aquel día en el que Jesús sanó al paralítico. Jesús estaba enseñando en un pueblo y algunos se enteraron. Como era un pueblo chico fueron a la casa donde Él estaba enseñando. Por lo tanto, la casita se llenó. Muchos querían entrar para escuchar a Jesús y empezaron a mirar por las ventanas. Entonces hacían fila en la puerta y al lado de las ventanas. De repente, la casa se rodeó de mucha gente que intentaba, por lo menos, escuchar a Jesús desde afuera de la casa. Había un grupo de cuatro hombres que tenía un amigo paralítico. Ese día dijeron: “Vamos a llevar a nuestro amigo para que lo vea Jesús. Sabemos que Él sana a las personas enfermas”. Lo pusieron en una camilla y lo llevaron a esa casa para que Jesús lo viera. Pero cuando llegaron había tanta gente que no tenían manera de entrar en la casa. Así que, usaron su imaginación. Pensaron: “El techo está vacío. Entonces, subieron e hicieron un agujero en el techo. Por allí bajaron la camilla con su amigo, justo en frente de Jesús. Suena raro, ¿no es cierto? Piensen en lo que sentiríamos, si de repente, el techo de este lugar comenzara a caerse a pedazos delante de nosotros y comienza a bajar una camilla con una persona en ella. Sería una experiencia bien diferente. Eso es lo que pasó ese día. Pongámonos por un momento en el lugar del hombre paralítico. Ahí está él. Sus amigos le dicen: “Te meteremos ahí. Te bajaremos por el techo”. Él no los podía detener. En ese momento, estaba a merced de ellos. Y de repente, lo están bajando en su camilla, delante de toda esa gente. ¿Cómo se habrá sentido? ¿Cómo se hubieran sentido ustedes? Tiene que haberse sentido un poco avergonzado. Quizá pensó: “No debería estar interrumpiendo a Jesús”. Seguro sintió que los ojos de todos los presentes se posaban sobre él. ¿Alguna vez se han sentido así? Lastimados y con todo el mundo mirándolos. Todos los están mirando. Jesús supo exactamente cómo se sentía este hombre. La reacción natural de un orador en una situación así, si me hubiera sucedido a mí, es decir: “¡Perdón! ¿Qué piensa que está haciendo? ¿No ve a toda esta gente? ¿Por qué está interrumpiendo a todas estas personas?”. La actitud natural sería una pequeña irritación. Pero Jesús no hizo eso. Jesús conocía el corazón de este hombre. Él conoce nuestro corazón. Él sabe cómo nos sentimos cuando acudimos a Él diciendo: “Necesito sanidad en mi vida”. Así que, lo primero que hace Jesús es animarnos. Mateo 9:2 dice: Unos hombres le llevaron un paralítico, acostado en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: — ¡Ánimo, hijo… Ahí es donde empieza todo. “¡Ánimo!”. Él no pasó por alto al hombre. No le tuvo lástima. No se enojó con él. Lo miró. Lo miró significa que comprendió la situación que estaba atravesando y le dio ánimo. Ese es el punto que se aplica a nuestras vidas. El punto es que si me acerco a Jesús con mis heridas, lo primero que Él va a hacer es darme ánimo. Aunque el culpable de esa herida sea yo mismo. No era el caso de este hombre. Pero incluso si fuera mi culpa, Él igual me animaría. Jesús dice que tiene el poder para alentarnos porque entiende perfectamente lo que estamos viviendo. Él conoce nuestro corazón. Dice Hebreos 4:15: Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Esa es la diferencia entre Jesús y nosotros. Él nunca pecó. Pero fue igual que nosotros en el hecho de que soportó todas las tentaciones que tenemos nosotros. Él sabe lo que estamos atravesando. Así que, lo primero que dice es: “Ánimo. Te entiendo”. A Jesús le importa cómo me siento. Si estamos deprimidos, a Jesús le importa. No es que solo nos mira y dice: “Vamos, supéralo”. A Él le importa. Si estamos preocupados y llenos de ansiedad sobre el futuro, Jesús no dice: “No te sientas así”. A Él le importa. Él empieza interesándose. A Él le importan tus sentimientos. ¿Cuál es la primera respuesta de Jesús cuando voy a Él y le digo: “Estoy herido”? Lo primero que Él hace es disipar nuestros miedos. Porque Él nos conoce. En primer lugar, sabe que tenemos miedo de acercarnos a Él. Él sabe cómo nos sentimos. Muchos piensan: “Si acudo a Dios con mis heridas, Él me dirá: ‘¿Tú crees que sufres? Te mostraré lo que es el verdadero sufrimiento. Mira esta persona’”. Pensamos que Él nos avergonzará, demostrando cuán trivial es nuestro dolor. Pero la verdad es que a Él sí le importan nuestros sufrimientos. Pensamos que Dios nos dirá: “¿Crees que tengo tiempo para eso?”. “Hay miles de millones de personas en el mundo. No tengo tiempo para ti”. Dios tiene tiempo para nosotros. Él es Dios Todopoderoso. Eso quiere decir que tiene tiempo para los miles de millones de personas que viven en este planeta y también para mantener a las estrellas y demás planetas funcionando. No malgastamos el tiempo de Dios cuando acudimos a Él. Pensamos: “Si acudo a Dios con mis heridas, me condenará”. ¡No! ¡No! La respuesta de Dios cuando acudo a Él con mis heridas, es amor. Porque el amor echa fuera el temor. Cuando nos acercamos a Jesús con nuestras heridas, miedos y vergüenza, Él responde de la misma manera que lo hizo con este hombre. Su primera respuesta es dar aliento. La primera respuesta siempre es amor. No debemos tener miedo de acercarnos a Jesús con nuestras heridas. ¡Qué buena noticia! Él siempre responde con aliento y amor. Pero ese amor va más allá. Me alegra que sea así. Me alegra que Él me comprenda, pero a demás de eso, no me despide con una simple palmadita en la espalda dejándome como me encontró. Me alegra que Él haga algo al respecto. Por cierto, lo hizo en la vida de este hombre. Él no solo dijo: “Oh, lamento mucho que seas un paralítico. Vamos a orar por este pobre hombre. Sé que no puedes caminar, pero ten ánimo”. No, Jesucristo marcó una diferencia en su vida. Él dio un segundo paso con este hombre, el mismo que da con nosotros cuando estamos heridos. 2. En segundo lugar, él confronta mis faltas y mis fracasos. Jesús no se queda en la superficie. Ataca los síntomas que hay debajo de la superficie de los problemas. Lo hace con amor. Lo hace con delicadeza. Así lo ha hecho en mi vida muchas veces. Él ha confrontado muchas veces mis faltas y fracasos. Nunca lo hace condenándome. Siempre lo hace de tal manera que puedo sentir que me está invitando a vivir la nueva vida que quiere que vivamos. Pero Él me confronta. Porque sabe que esa es la manera en que voy a cambiar. Jesús no se anda con rodeos. Va directamente al grano, al corazón del problema. Él va directo al punto. En el caso de este hombre, la parálisis no era el único problema que tenía. También necesitaba resolver el problema de la culpa. Y Jesús lo sabía. Lucas 5:20 Jesús dijo: —Amigo, tus pecados quedan perdonados. Si leemos la historia en la Biblia, nos preguntaremos por qué Jesús dijo eso. El hombre no le pidió que perdonara sus pecados. Solo quería ser sano de su parálisis. ¿Por qué Jesús dijo eso? Porque conocía el corazón de aquel hombre. Sabía exactamente lo que él necesitaba. De modo que Jesús no solo atacó el efecto, sino también la causa del problema. El origen del problema. Cuando luchamos con una adicción o un mal hábito que nos controla, solo queremos librarnos de ellos. Pero Jesucristo sabe que hay algo que subyace en ese hábito; un problema en nuestro corazón que debe resolverse. Y si no resolvemos ese problema, nunca dejaremos ese hábito. Cuando estamos anclados en el pasado, vienen recuerdos amargos que quisiéramos olvidar. No queremos volver a pensar en eso otra vez. Detestamos que esos recuerdos nos paralicen y controlen nuestras acciones. Queremos olvidar esas cosas. Jesucristo viene a nuestro corazón y nos dice: “Te mostraré cómo puedes ser sano. Quiero atacar la causa del problema”. Esa es la actitud que toma con este hombre, al decirle: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. El mundo está hambriento de estas dos palabras: “Estás perdonado”. Y ese día Jesucristo perdonó a ese hombre, porque Él conocía la raíz del problema que estaba atravesando. Quiero ser muy claro en esto. No todas las enfermedades físicas que padecemos son el resultado de un pecado que hemos cometido. Eso no es verdad. Muchas de las enfermedades que padecemos se deben a que vivimos en un mundo caído. Un día llegaremos al cielo y allí no habrá más dolor y enfermedad. Ansío llegar allá. Pero en este mundo malo tendremos que padecer enfermedades. Así que, no todas las enfermedades son causadas por un pecado que hemos cometido. Pero sí lo son muchas más de las que nos imaginamos. Si nos basamos en el testimonio de los médicos, si leemos las estadísticas, casi la mitad de las personas que están en el hospital manifiestan que están enfermas debido a alguna clase de padecimiento relacionado al estrés. Y el estrés es el resultado de querer ser el amo y señor de mi vida todo el tiempo. Soy yo quien decide, sin tener en cuenta a Dios, sin Su presencia. Ese es el peor de todos los pecados: dejar de lado a Dios y vivir como se me antoja. Jesucristo sabía que este hombre necesitaba ser sano. Pero sabía también que la necesidad más profunda que tenía era ser perdonado. Por eso, le dijo: “Tus pecados te son perdonados”. Para mí, lo más maravilloso y milagroso que sucedió cuando Jesús entró en contacto con el hombre paralítico, fue que nuestro Señor puso Su mano en la verdadera causa de su problema. No siempre puedo hacer eso cuando tengo que ayudar a otras personas. Puedo especular. Pero Jesús sí puede señalar el problema sin errar. Por eso debemos pedirle a Él que sane nuestras heridas. Este hombre, probablemente había buscado ayuda en muchos lugares diferentes, a fin de hallar la cura de su enfermedad. Probablemente había ido a muchos médicos. Quizá uno de ellos le dijo: “¿Sabes lo que necesitas? Tienes que ejercitar tu pierna. Pídele a un amigo que te ayude a ejercitar la pierna”. Puede que otro doctor le dijera: “Tienes que mejorar tu nutrición. Sigue esta dieta y te curarás”. Quizá algún otro le dijo: “Tienes un problema en la espalda. Ve a ver a este médico y él te ayudará”. A veces necesitamos ir al médico. No hay duda sobre eso. Y otras veces necesitamos otras soluciones. Soluciones físicas. Pero yo también me pregunto esto: ¿Por qué siempre dejo a Dios para lo último y no acudo a Él primero? Cuando tengo un problema intento esto y aquello, lo de acá y lo de más allá…hasta que caigo en la desesperación y digo: “Señor, acudiré a ti. ¿Tienes una solución para esto? Dios usa a los médicos. Dios usa las palabras y consejos prácticos. Pero ¿por qué no empezar preguntándole a él? Si estamos enfrentando un problema o tenemos una herida, antes que nada debemos acudir al Señor. Empecemos con Dios. Digámosle: “Señor, ¿qué quieres hacer en mi vida? ¿Qué tienes para decirme que pueda ayudarme a sanar esta herida?”. Y Jesús sabía. Jesús sabía que el verdadero problema de este hombre no era la parálisis. Era su conciencia culpable. Él sabía que su pasado estaba paralizando su futuro. Así que, le dijo: “Tus pecados son perdonados”. Lo que me maravilla es que Jesús hace lo mismo en nuestras vidas que lo que hizo con este paralítico: no minimizó la culpa de él. La eliminó. Jesús no minimiza la culpa. Cuando nos acercamos a Él no nos dice: “Oh, está bien. Sé por qué lo hiciste. Sé por qué sucedió. Es por esa herida de tu pasado. Está bien”. No hace eso en absoluto. Él lo toma muy seriamente. En vez de minimizarlo, lo elimina. Dice: “Tus pecados están perdonados”. Jesús obra de una manera asombrosa. Él confronta mis faltas y fracasos. Si quiero sanar del dolor producido por las faltas y fracasos de mi vida, necesito que Jesús los confronte. Pero también necesito algo más. El próximo versículo dice (Santiago 5:16): Confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. El proceso de sanidad no consiste solamente en pedirle a Jesucristo: “Sáname de mis heridas”, sino también confesárselas a otras personas. Contárselas a otros. No sé por qué tenemos que fingir. Actuamos como si todo estuviera bien en nuestras vidas pero no en las de todos los demás. Todos sabemos que no hay persona que no tenga problemas y luchas. Pero hay algo en nosotros que nos da miedo de expresarlos. No quiero ser el blanco de todas las miradas. Si ahora dijera: “Voy a escoger a una de las personas que está sentada en las primeras dos filas, lo haré subir a la plataforma y exhibiré en la pantalla una lista de pecados. Luego, le pediré que ponga una marca en el pecado que haya cometido la última semana”. Si yo dijera eso ahora mismo, ¡todos los que están en las primeras dos filas empezarían a temblar! Pero ellos saben que no haré eso. Todos tenemos miedo de algo así. Pensaríamos: “Seré el centro de la atención de todos. Todos se enterarán de mis pecados. Pasaré vergüenza delante de toda esta gente”. Dios no obra así. La idea de confesarnos nuestros pecados unos a otros no consiste en avergonzarnos delante de los demás. La idea es ser lo suficientemente sinceros como para reconocer que tenemos problemas. Todos somos pecadores. Todos metimos la pata. Alabado sea Dios porque Él nos perdona. Gracias a Dios que él es un Dios perdonador. Una de las razones por las que necesitamos sanidad interior es porque intentamos dar una imagen de perfección frente a los demás. Necesito ser libre de eso. Y ustedes también. Para ser sanos de todo eso debemos ser capaces de decirle a otros: “Sí, yo también estoy luchando con eso”. Hay algo refrescante en todo eso. Hay algo que nos motiva. De hecho, voy a preguntarles a todos los que están aquí, en los demás puntos de reunión y en todos los campos regionales; les voy a pedir a todos que hagamos una confesión en masa. ¿Cuántos de ustedes confesarían que al menos han cometido un solo pecado en toda su vida? Miren a su alrededor. No estoy solo. No he conocido a una persona que afirmara ser perfecta y que nunca había pecado. Cuando nos damos cuenta de que no somos los únicos, de que estamos todos en el mismo barco. No somos personas que tratan de ser perfectas. Somos personas que reconocen delante de Dios que tienen una necesidad. Dios es perfecto y está dispuesto a sanarnos. Mi oración es que durante Decisiones Que Sanan Tu Vida, podamos reconocer esta realidad como nunca antes lo hemos hecho. Hay otra cosa más que Jesús hace cuando nos sana de nuestras heridas. 3. En tercer lugar, Él desafía mi fe. Él calma mis miedos, confronta mis pecados y desafía mi fe. Él usa un método bien específico para desafiarnos a tener fe. La Biblia relata que él desafía la fe de las personas una y otra vez de esta manera. Él nos pide que hagamos algo aparentemente imposible. Eso es lo que hizo con el paralítico de la historia. La Biblia dice en Mateo 9: Se dirigió entonces al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’. Detengámonos aquí un minuto. Él hombre habrá pensado: “¡Eso es lo quiero hacer! ¿Qué me estás diciendo, Jesús? ¿Qué me levante? ¿No puedes ayudarme? Si pudiera levantarme y caminar, no estaría aquí. ¿Por qué me dices: “Levántate”? Eso es imposible. Lo he intentado muchas veces. ¿Por qué me pides que haga esto?”. En cambio, escuchen lo que sucedió. Y el hombre se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud se llenó de temor, y glorificó a Dios...”, por lo que Dios hizo en la vida de aquel hombre. Jesús desafía nuestra fe. Jesús le pidió a este hombre que hiciera algo que nunca antes había hecho. Y hoy hace lo mismo con nosotros. Él nos pide que hagamos cosas que nunca hemos hecho antes. A un hombre inválido, atrapado de por vida, le dice: “No usarás tu silla de ruedas hoy”. A uno que dependía de los demás para trasladarse de un lugar a otro, Jesús le dice: “Ponte de pie y camina”. Y aquel hombre demostró que tenía fe. La Biblia dice: Conforme a tu fe te será hecho. La Biblia dice eso muchas veces. Jesús lo dijo muchas veces: Tu fe te ha sanado. La fe es algo que nosotros demostramos. No es solo algo que pensamos. Comienza con un pensamiento, pero luego se traduce en algo que hacemos. Jesús desafía nuestra fe pidiéndonos que hagamos algo que nunca antes habíamos hecho. Pero hay buenas noticias. Estas son las buenas noticias. Cuando Dios nos pide que hagamos algo imposible, nos da la fuerza para hacerlo. El paralítico pudo ponerse de pie, no porque tuvo pensamientos positivos, sino porque Jesucristo le dio el poder para hacerlo. Hay una lección de fe que he tenido que aprender muchas, muchas veces en mi vida. A veces, he tenido que aprenderla semanalmente y hasta diariamente. Debería haberla aprendido hace tiempo, pero tengo que aprenderla una y otra vez. La lección es esta: Dios te da el poder para hacerlo cuando decides hacerlo y mientras lo estás haciendo. Cada vez que mi fe es puesta a prueba, voy a decir: “Señor, dame las fuerzas de antemano. Dame la energía, el movimiento y el poder. Y dicho sea de paso, ¿por qué no me mandas también la lista de todas las cosas que has hecho, como prueba de que todo esto va a resultar?”. ¿A cuántos les gustaría algo así? ¿No sería asombroso? Pero Él no obra de esa manera. Así no son las cosas. Dios dice: “Quiero que hagas esto”. Y luego te va dando la fuerza, la seguridad, la emoción, etc. El poder surge mientras uno da el paso de fe. No antes de que des el paso de fe. Viene a medida que vamos dando el paso de fe. Algunos piensan: “No creo que Decisiones Que Sanan Tu Vida dará resultado conmigo. No me parece bien. Me da un poco de miedo. No siento que Dios quiera que sea parte de esto”. Sin embargo, algo en nosotros nos dice que Él quiere sanarnos. ¿Esperaremos a tener ganas de creer? Si esperamos a tener deseos de creer, ¿qué clase de paso de fe sería ese? La fe no consiste en que Dios nos da de antemano ciertas emociones, sentimientos o la fortaleza necesaria. Tampoco nos envía un amigo para que lo haga por en nuestro lugar. Eso no es fe. Esos somos nosotros pidiendo pruebas. Dios quiere que demos el paso. Nos dice qué hacer y espera que demos el paso. Él nos plantea un desafío de fe. El paralítico de la historia se parece a nosotros en muchos sentidos. Todos nosotros, hombres y mujeres por igual, en algún momento experimentamos alguna clase de discapacidad. Estamos paralizados en cierta área de nuestras vidas. Tal vez es la preocupación. O la duda. Puede ser la indecisión, la depresión, el enojo o la envidia. Siempre hay algo en nuestras vidas, en nuestro pasado. Estas cosas son las que paralizan a la mayoría de nosotros. Alguna experiencia que tuvimos. Alguna palabra que nos dijeron. Algo que sucedió o que no salió bien. Una relación que fracasó. Una ofensa que cometimos o que sufrimos. Algo de nuestro pasado. Estamos paralizados. Todos cargamos culpas, vergüenza y recuerdos dolorosos de heridas y fracasos. Como resultado, no podemos vivir el presente porque estamos estancados en el pasado. Necesitamos sanidad. Necesitamos que la parálisis sane. La buena noticia es que Jesús quiere liberarnos. Él dice: “Quiero que des el paso de fe porque quiero sanarte”. En un sentido, realmente no importa. No importa si queremos que Jesús sane nuestro pasado. No importa si tenemos o no el deseo de cambiar. Si no nos atrevemos a dar el paso de fe, nada sucederá. Hay muchas personas que están sufriendo mucho en la vida y desean que ocurran cambios que nunca suceden. A menos que demos un paso de fe y digamos: “Jesucristo, voy a confiar en ti, en vez de confiar en mí. Haré algo al respecto”, nada va a cambiar. El paralítico se puso de pie y anduvo. ¿Qué es lo que Jesús nos está pidiendo que hagamos? ¿Cómo demostramos fe? Quiero recordarles tres cosas que hizo el paralítico. Esa fue la demostración de fe de aquel hombre. Primero, debo admitir que necesito ayuda. Eso es algo que puedo hacer. Lo admito y se lo comunico a otra persona. Acepto el hecho de que necesito ayuda. Ese es un paso de fe. Segundo, creo que Jesucristo me ayudará, en vez de tratar de ayudarme a mí mismo. En vez de decir con orgullo: “Lo haré con mis propias fuerzas, así al final podré jactarme de la gran persona que soy”; me doy cuenta de cuán grande es Dios y cuánto me ama. Digo: “Creo en ti y sé que me ayudarás”. Por esa razón, Él se tomó el trabajo de venir a este planeta. Por eso murió en la cruz y resucitó, para decirnos: “Puedo ayudarte”. Así que, creo que Jesús nos ayudará. Luego, hago lo que él me ha dicho que haga. Descubriremos esto si hablamos con personas que están caminando con el Señor. Lo descubriremos leyendo la Biblia. Lo descubriremos si observamos lo que pasa en nuestra iglesia. A veces, es una impresión en nuestras mentes que encaja con lo que Él dice en la Biblia. Hagamos lo que Él dice que hagamos. El paralítico hizo eso, se levantó. ¿Qué habría sucedido si no se hubiera levantado? ¿Qué habría sucedido si hubiera dicho: “Jesús, no puedo, lo he intentado muchas veces”? El milagro no habría sucedido. Estamos hablando de Decisiones Que Sanan Tu Vida y sé que algunos de ustedes están heridos. Hablamos de miedos, vergüenza, culpas, heridas del pasado, temor y remordimiento; y sé que eso nos hace mirar dentro de nosotros mismos. Y al hacerlo, pensamos: “Por fuera parece que estoy bien, pero por dentro estoy realmente paralizado. La pregunta es: ¿cuáles son nuestras heridas escondidas y cómo Jesús puede sanarlas? ¿Cuáles son los recuerdos que aún nos provocan dolor? ¿Cómo puede Él vendar esas heridas? No importa quién sea yo, lo que me hayan hecho o lo que yo haya hecho, Jesucristo puede sanarme. Por eso vino a este mundo. Pero podemos mirarnos a nosotros mismos y pensar, “Eso es grandioso. Lo he leído. He ido muchas veces a la iglesia y he escuchado a la gente y a los pastores decir que podemos ser perdonados. Podemos empezar de nuevo. Jesucristo me perdona instantáneamente y me da una vida nueva. Quisiera ser sano. Pero ¿crees que no lo he intentado? ¿Crees que no he intentado empezar una nueva vida? ¿No crees que haya intentado dejar este hábito? ¿No crees que haya intentado olvidar ese mal recuerdo? ¿Crees que no he intentado salir de este atolladero una y otra vez?”. Quiero recordarles algo muy importante. Este hombre, este paralítico, no llegó a Jesús por sus propios medios. Tenía cuatro amigos que lo ayudaron a llegar allí. Cuando nos sentimos atorados e intentando salir una y otra vez pero no tenemos éxito; recordemos que el paralítico no lo logró por sí solo. Sus amigos lo ayudaron. No debemos pensar que necesariamente saldremos por nosotros mismos. De hecho, estancarse y no poder salir es una experiencia común a todos nosotros. Todos necesitamos que otros nos ayuden. Dentro de un minuto voy hablar sobre cómo nos ayudan otros. Si tenemos un amigo que está estancado y ya le hemos hablado muchas veces pero no puede salir; tal vez necesite rodearse de las personas correctas. Eso le sucedió a este hombre. Para él, una parte de las decisiones sanadoras consistió en encontrarse con Jesús; pero fueron sus amigos los que lo ayudaron a tener una experiencia con Jesucristo. Él tuvo cuatro amigos dispuestos que dijeron: “Te llevaremos a donde está Jesús. Jesús está en el pueblo. Sabemos que Él sana. Sabemos que nuestro amigo necesita sanidad. Lo llevaremos para que Jesús lo vea”. Vamos a considerar rápidamente siete cosas que estos amigos hicieron. Son siete cosas que los amigos pueden hacer unos por otros. Cosas que un grupo pequeño puede hacer para sanar a sus miembros. No solo se trata de mí; se trata de nosotros. Siete características de un grupo pequeño sanador. 1. Compasión. La sanidad ocurre porque alguien tiene compasión de otra persona. Se ocupan de un amigo que está herido. Todo comienza tomando conciencia de que el otro tiene una necesidad. Les haré una pregunta. ¿Cómo sabemos si estamos llenos de amor por el prójimo? Podemos decir que tenemos amor, pero ¿cómo sabemos realmente que estamos llenos de amor por otras personas? La única manera de saberlo es ver si demostramos interés por ellos. Si nunca pensamos en ellos, entonces no podemos decir que los amamos. ¿Cómo sabemos que nos interesamos por alguien? La única manera de saber si nos interesa otra persona es viendo si somos conscientes de sus necesidades. Así vemos si alguien nos importa o no. Así que, si conoces a alguien y dices: “Amo a esta persona”, pero ni siquiera sabemos el nombre de ella y menos aún cuáles son sus necesidades en la vida; en realidad no la amamos, aunque lo digamos. Si hay una persona en la oficina o en la oficina de al lado y nunca le demostramos que la amamos; en realidad no la amamos. No notamos sus necesidades. No la amamos. Amar es prestar atención a las necesidades de los demás. Por eso Dios nos ama, porque sabe cuáles son todas nuestras necesidades. Él tiene compasión con nosotros. Si amamos seremos conscientes de las necesidades de los demás. Lo que veamos en otros marcará la diferencia. Dice la Biblia, en Romanos 15:2: Anímense los unos a los otros, y ayúdense a fortalecer su vida cristiana. Así que, nos preocupamos por el otro. La Biblia dice en 1 Corintios 10:24: No hay que buscar el bien de uno mismo, sino el bien de los demás. Esto pone el dedo en mi llaga. Y probablemente, en la de ustedes también. La razón de que muchas veces no me importan los demás no es que soy malo. No es porque quiero hacerles un mal. No me importan los demás porque estoy demasiado ocupado en mí mismo. Estoy enfocado en mi vida. Me concentro en lo que me pasa a mí, de modo que no tengo espacio para lo que le pasa a los demás. La Biblia dice: “¿Quieres amar a tu prójimo? Sé compasivo. ¿Quieres tener compasión? Interésate en los demás”. ¿Cómo se hace eso? Vamos al cine y lloramos como niños cuando vemos una escena dramática. Les preguntaré algo: ¿Cuándo fue la última vez que lloraron por una persona real? ¿Tenemos compasión de la gente de verdad? No estoy hablando de la escena y música dramáticas de una película. Hablo de una persona de carne y hueso. Ayer a la mañana oficié el funeral de la mamá de unas niñas de 5 y 7 años que se fue muy pronto a estar con el Señor. Miré atentamente a la multitud reunida ese día y eran como doscientas personas. Todos los ojos estaban llenos de lágrimas por ese papá y esas dos niñas. Oraban por ellas. Pensé en la razón de ese llanto. Una de las razones es que ellos se habían hecho presentes esa mañana. Estaban allí. No dijeron: “Oh, es sábado a la mañana. No tengo tiempo para ir a un funeral. Tengo cosas que hacer”. Ellos se hicieron presentes. ¿Cómo demostramos compasión por otros? Estando allí. Un grupo interesado en la gente. Que está junto al que sufre. De allí procede la compasión. Allí empieza. Un grupo sanador. Todos nosotros necesitamos eso. Necesitamos personas en nuestras vidas, gente que nos mire a los ojos y sea capaz de derramar una lágrima por lo que nos pasa. Otros necesitan lo mismo de nosotros. Ellos ven eso en tu vida debido al sufrimiento que están teniendo. No deberíamos andar solos por la vida. Compasión. 2. En segundo lugar, los miembros de un grupo se motivan unos a otros para tener fe. Nos animamos unos a otros y estimulamos nuestra fe. Aquellos hombres creyeron que Jesús sanaría a su amigo, así que lo llevaron allí. La Biblia dice en Lucas 5:20: Al ver la fe de ellos, Jesús dijo: —Amigo, tus pecados quedan perdonados. Subraya la palabra “ellos”. No solo la fe del paralítico. Él vio la fe de ellos. El paralítico fue perdonado por su fe. Pero para llegar a experimentar el perdón de Jesús, necesitó de la fe de sus amigos. Ellos fueron los que lo llevaron allí. ¿Sabían que… puede que algunos de ustedes no sepan esto: Dios quiere usar nuestra fe, no solo en nuestras vidas sino en la vida de otros? Podemos estimular la fe de otras personas de maneras asombrosas. Dice la Biblia en Romanos 1:12: …podremos ayudarnos unos a otros gracias a la fuerza de esa confianza que tenemos en Dios. La fe no es solo un acto individualista. Mi fe ayuda a otros y la fe de otros me ayuda a mí. Nos animamos unos a otros. 1 Tesalonicenses 5:11 dice: Anímense los unos a los otros, y ayúdense a fortalecer su vida cristiana. Eso es lo que hacemos los unos por los otros: estimulamos nuestra fe. 3. En tercer lugar, otra cosas que los grupos hacen es actuar. Todos los miembros deciden actuar juntos. Este grupo de cuatro hombres no solo oró por su amigo; no solo oraron para que Jesús lo viera. Actuaron. Lo llevaron donde estaba Jesús. Si al ver a una persona necesitada solo decimos: “Vamos a orar”, eso será una excusa, más que una oración. A veces, la oración es una excusa para no actuar. La oración debería ser una motivación para actuar. Debemos orar, pero la oración debería motivarnos a hacer aquello que Dios quiere que hagamos. Así que, como ellos amaban a su amigo, Mateo 9:2 dice que le llevaron un paralítico, acostado en una camilla. Dios quería que ellos actuaran, y así lo hicieron. Durante esta campaña de otoño, Decisiones Que Sanan Tu Vida, aquí en la iglesia Saddleback, seguramente pensaremos en algún amigo que nos gustaría que estuviera en nuestro grupo pequeño. Nos gustaría mucho que nos acompañara a los servicios del fin de semana. ¿Qué vamos a hacer? ¿Solo vamos a orar para que de alguna manera vengan? No. Debemos actuar. Debemos invitarlo. La Biblia dice: Ve por los caminos y las veredas, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa. Dios no dice: “Oren para que más gente venga y experimente mi amor y perdón. Él dice: “No. vayan y cuéntenles. Quiero que actúen”. ¿Qué vamos a hacer durante Decisiones Que Sanan Tu Vida? Porque es necesario que otros puedan experimentar la sanidad espiritual y emocional que Jesucristo quiere darles. Quiero darles unas pocas ideas, en unos minutos. Pero debo mencionar la cuarta cosa que estos hombres hicieron por su amigo y que nos muestra lo que nuestros grupos pueden hacer como vehículos de fe y sanidad. 4. Persistencia. Ellos no dejaron que las dificultades los desanimaran. Persistieron juntos. Llegaron a la casa y la multitud les impidió entrar. El camino a la sanidad siempre tiene dificultades. Siempre habrá un obstáculo. Pero como eran un grupo, se dieron ánimo los unos a los otros. Puedo imaginarme cómo pasó. En un grupo de cuatro hombres, necesariamente debe haber personalidades diferentes. Seguro que en el grupo había uno que al ver la multitud dijo: “Oh, no. Miren toda esa gente. Hoy no lo lograremos. Tendremos que darnos por vencidos. Esta vez no podrá ser. Lo siento, regresemos a casa. Intentaremos otro día”. Pero seguro que también hubo otro con personalidad diferente que dijo (y por eso necesitamos un grupo): Este otro dijo: “No regresaremos a casa. Subiremos al techo. Desde allí veremos cómo lo metemos adentro”. El primero seguía diciendo: “Será un problema. Esto no va a funcionar”. Pero como eran cuatro hombres, pudieron hacer lo que no habrían podido hacer de otro modo. Vivir en comunidad y trabajar en grupo nos confiere el gran poder de la persistencia. La Biblia dice en Gálatas 6:9: No nos cansemos de hacer el bien. Dicho sea de paso, ¿alguna vez se cansan de hacer lo correcto? Sí, nos cansamos haciendo lo correcto. Pero no nos cansamos de hacer lo correcto… porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. No nos demos por vencidos. No sé ustedes, pero yo necesito que otras personas me animen a ser persistente. Eso es lo que un grupo puede hacer por nosotros. No deberíamos hacerlo solos, no deberíamos procurar sanidad y restauración sin la ayuda de otros. Nos ayudamos unos a otros a ser persistentes. 2 Pedro 3:9 dice: Dios tiene paciencia con ustedes, porque él no quiere que nadie muera, sino que todos vuelvan a obedecerle. Me alegro de que Dios sea paciente con nosotros. Algunos de ustedes saben que Dios les ha estado hablando durante muchos años acerca de iniciar una relación personal con Él. Él no se da por vencido. Él va a seguir hablando con paciencia y persistencia, con gracia y amor. Pero no se dará por vencido, pues quiere que conozcamos su amor. Tal vez ustedes conocen a una persona así. Una nueva oportunidad se avecina este otoño. Los grupos pequeños de Saddleback se abren otra vez para ver las cosas maravillosas que Dios hará. Ya han invitado a ese amigo, han tocado la puerta de su casa y le han dicho: “Hola, te invito a ser parte de mi grupo de estudio bíblico. Estamos haciendo algo nuevo en la iglesia Saddleback. ¿Por qué no me acompañas?”. Y nos ha respondido de la misma manera los últimos seis o siete años: “Gracias por invitarme, pero no, no iré”. Entonces pensamos: “No lo volveré a invitar de nuevo. Se repetirá lo mismo de todos los años. Me va volver a decir que no”. Les animo a que lo hagan una vez más. Sólo una vez más. Porque quién sabe si este año él tiene una necesidad especial en su vida. Y entonces te dirá: “Estoy contento de que me hayas invitado una vez más”. ¿No están felices muchos de ustedes de que alguna vez alguien los haya invitado “una vez más”? Quizá alguno de ustedes rechazó varias veces a Dios, a la fe y a la gracia. Pero hubo alguien que los invito una vez más. ¿A quién necesitamos invitar una vez más? Mientras nos sigan abriendo sus puertas, sigamos invitándolos. Cuando llegue el día en que no nos abran más la puerta, bueno, tal vez ese sea el final. Entiendo. Llegó el momento. Pero si siguen abriéndonos sus puertas, digámosles con gracia y amabilidad: “Solo quiero invitarte una vez más”. Si dicen que no, ya habrá otra oportunidad. Dios es paciente y nos anima a ser pacientes y seguir diciéndoles a otros: “Te amo”. Quiero que experimentes el amor inmenso y la sanidad poderosa que Jesucristo me ha dado. Persistencia. 5. La quinta palabra es innovación. Estos hombres se atrevieron a hacer algo diferente. Ser parte de un grupo nos da muchas oportunidades de hacer cosas que nunca podríamos hacer nosotros solos. Cuando no pudieron entrar debido a la multitud, dice Lucas 5.19: …pero no encontraban por dónde meterlo, porque había mucha gente; así que subieron al techo y, abriendo un hueco entre las tejas, bajaron al enfermo en la camilla, allí en medio de todos, delante de Jesús. La pregunta que debemos hacernos aquí es: ¿Cuándo fue la última vez que hicimos un “agujero en el techo” por alguien? No me refiero a algo común y corriente, rutinario, sino inesperado. La Biblia nos dice que hagamos cosas así. Hebreros 10.24 dice: Busquemos la manera de ayudarnos unos a otros a tener más amor y a hacer el bien. De modo que debemos usar la imaginación. Me refiero a que, si en esta serie Decisiones Que Sanan Tu Vida no podemos hacer las reuniones de grupo en un hogar, quizá podamos reunirnos en el trabajo. Es decir, buscar maneras creativas de hacerlo. Reunirse y discutir opciones. Una de ellas es hacerlo en línea. Busquen nuevas maneras de hacerlo. Quizá alguno diga: “No puedo reunirme en un grupo pequeño. Me levanto a las dos de la mañana. ¿Cómo podría hacerlo? Ninguno querría reunirse a las horas que yo puedo”. Bueno, comience un grupo a las dos y media de la mañana. En una iglesia de nuestro tamaño va a haber mucha gente que dirá: “¡Por fin un grupo a las tres de la madrugada, es lo que estuve esperando toda mi vida!”. Sean creativos y comprueban como obra Dios. Descubran qué pueden hacer en grupo que jamás podrían hacer solos. Innovación. 6. Cooperación. Eso es lo que los grupos pueden hacer. Cooperación. Trabajan juntos en beneficio de su amigo. Subieron al techo. Ellos subieron al techo, hicieron un agujero y bajaron a su amigo en la camilla, en medio de la multitud. Solo ayúdenme a calcular esto. Tenemos cuatro amigos. Y tenemos una camilla. La camilla tiene cuatro extremos. Y tenemos que bajarla por el techo. Si hay cuatro personas para bajar una camilla de cuatro extremos, ¿cuántas personas necesitas para bajar la camilla? ¡Cuatro! Porque si uno de ellos soltaba su extremo, la historia hubiera sido diferente. Jesús igual habría sanado a aquel hombre. Pero se necesitaba de los cuatro para hacer el trabajo. A veces, necesitamos la ayuda de cuatro, seis o más personas. La cooperación de un conjunto de personas puede obtener más resultados que una sola persona. No debemos andar solos por la vida, porque la vida es demasiado difícil para sobrellevar todo nosotros solos. Por eso estamos juntos. Por eso es importante que lo hagamos juntos. ¿Así que, qué podemos hacer? ¿Qué cosa diferente podemos hacer durante Decisiones Que Sanan Tu Vida, para que más personas conozcan las buenas nuevas de una manera nueva? La pantalla nos mostrará algunas maneras en las que nuestros grupos pequeños pueden cumplir su misión durante este otoño. Algunas ideas nuevas que podemos implementar. Podemos comenzar un nuevo grupo dentro de un grupo preexistente. Quiero hablarles a aquellos que no están en un grupo pequeño. Pero si los que ya tienen un grupo advierten que el mismo ha crecido tanto que ya los miembros no tienen tiempo suficiente para expresarse; les sugiero que formen dos subgrupos. Esto le dará a la gente más oportunidad de hablar. Si un grupo tiene seis o siete personas, es probable que no todos tengan la oportunidad de hablar, se los aseguro. Vamos a hablar sobre Decisiones Que Sanan Tu Vida. Por eso, todos deben tener la oportunidad de expresar lo que Dios está haciendo en sus vidas. Formen subgrupos. Pídanle a un voluntario que sea el moderador del subgrupo. Otra idea es patrocinar un grupo nuevo, proveyéndole un líder durante un tiempo. Discutan en el grupo la posibilidad de enviar a una o más personas para ayudar a un grupo nuevo. No elijan a la persona menos popular del grupo. No piensen: “Qué bueno, llegó la oportunidad de librarnos de él”. No, no. Elijan a la mejor persona del grupo. Probablemente, ella será la más capacitada para ayudar a un grupo nuevo. Envíen a alguien que realmente van a echar de menos en el grupo. O también los miembros pueden decidir ayudar a un grupo nuevo sin dejar de reunirse con su propio grupo. Chaundel y yo hemos hecho esto los últimos dos otoños. Ayudamos a comenzar un grupo nuevo en el vecindario, sin dejar de asistir a nuestro amado grupo. Solo hay que salir y reunirse con ellos por seis semanas. Todos podemos hacer eso. Pueden ayudar a otros a hacer lo mismo. Eso requiere que sacrifique un poco más de mi tiempo. Pero el sacrificio vale la pena. Podemos ayudar a plantar un grupo nuevo. O pueden enviar a algunos miembros del grupo para que planten un grupo nuevo. Esto implica formar dos grupos, de uno. Es decir, la mitad del grupo ira para un lado y la otra mitad ira para otro lado. No debemos enviar solo una pareja, sino la mitad de los miembros. ¿Y qué deben hacer todos los que todavía no tienen grupo? Les animo a iniciar un grupo nuevo. Sean los anfitriones de un nuevo grupo. Algunos dirán: “¿Cómo lo hago?”. Les diré lo que es un anfitrión. Algunos de ustedes ya conocen el acrónimo C.A.S.A. ¿Qué implica ser anfitrión de un grupo en donde se va hablar de las verdades de Dios? C orazón abierto. Debemos tener un corazón abierto hacia las personas. A brir tu casa. Abrimos nuestra casa para que el grupo se reúna. S servir una merienda, café o limonada. Es decir, algo para tomar. A ctivar tu reproductor de DVD, porque el estudio tiene lecciones en video. Todos podemos hacer eso. Piénsenlo. Tenemos dos o tres amigos. Quiero iniciar un grupo. No voy a esperar a que otro lo haga. Daré el paso de fe. De hecho, el viernes a la noche, el pastor Rick estuvo aquí hablándoles a tres mil de nuestros líderes de grupos pequeños acerca de lo que iba a suceder en Saddleback durante nuestra campaña de otoño. Quizá algunos piensen que ya tenemos suficientes con eso. Una iglesia de nuestro tamaño necesita cinco mil. Necesitamos miles más. Y tal vez, muchos de nosotros estamos entre esos miles. Durante esa reunión hubo personas que hicieron algo para animarnos a hacer cosas nuevas para Dios durante este otoño. Video: Para mí, ser anfitrión ha sido una aventura asombrosa. Ser anfitrión de un grupo es fácil. Haces literalmente lo que dice Rick. Abres tu hogar, preparas café, sirves unas galletas o algo, pones el DVD en el reproductor y listo. La gloria de Cristo en nuestro hogar es tan gratificante. Además, nos divertimos mucho. Los amigos son increíbles. Es increíble cómo se acercan personas que no saben mucho de Dios y comienzan a crecer. Para mí ha sido el mayor de los dones. Me encanta esta iglesia. Me encantan los servicios del fin de semana. Son grandiosos. Pero necesitan un grupo pequeño para comenzar a crecer en el Señor y en la comunión fraternal. No podrán hacer eso sin un grupo pequeño. Tienes personas con las cuales compartir. Tengo más relación con mi grupo pequeño que con mi propia familia. Nos reunimos regularmente. Hablamos de la Palabra. Hablamos sobre los problemas y desafíos diarios. Ha sido un factor tremendo de crecimiento. Satanás nos infunde miedo para que nos aislemos y no conozcamos a otras personas. Pero cuando bajamos esa barrera, comprobamos cuán asombroso ver cuánto apoyo recibimos en medio de las dificultades de la vida. Diría que cualquiera que esté realmente interesado en ser anfitrión de un grupo pequeño obtendrá beneficios enormes y duraderos, a cambio de un pequeño compromiso. No pienses, solo actúa. Es lo mejor que jamás te sucederá. Solo hazlo. Ni siquiera lo pienses. Hazlo. Si lo haces, Dios suplirá lo que necesites para hacerlo. Él es fiel. Así que, esto es lo que haremos. Tomen esta tarjeta y sáquenla de sus boletines. Verán que hay una casilla que dice: “nuestro grupo pequeño participará de la campaña”. Si aún no han decidido participar, márquenlo. Tomen la tarjeta y deposítenla en las mesas del patio, al final del servicio. Díganles cuántos participantes esperan en sus grupos. Ellos les darán una caja como esta conteniendo la guía de estudios de Decisiones Que Sanan Tu Vida, que esta vez está en nuestra revista. También contiene el DVD correspondiente. Hay una lección para cada semana. Ven la lección de video y hablan sobre lo que Dios está haciendo. También recibirán un libro para lectura personal: Ocho Decisiones Sanadoras por el pastor John Baker. Dicho sea de paso, este material es gratis. El pastor John y su esposa, Cheryl, han comprado estos libros para que nuestra iglesia los lea este otoño. Así que, recojan sus materiales al salir del servicio y así podrán comenzar con sus grupos esta semana. Si todavía no tienen un grupo, marquen la casilla que dice “comenzaré un grupo nuevo”. Háganlo ahora, será un paso de fe. Al salir, vayan pensando en qué personas van a invitar a su nuevo grupo. Piensen en todos sus amigos y en cuántos de ellos estarán en el grupo. ¿Cuántos participantes debería tener un grupo pequeño? Tres o cuatro son suficientes. De hecho, a veces, cuanto más pequeño es el grupo, más profunda es la conversación. Así que, no tiene por qué tener muchas personas. Salgan y díganles: “Vamos a empezar este grupo”. Entreguen las tarjetas y recibirán los materiales. Y miren lo que Dios hará este otoño. ¡Miren lo que Dios va a hacer! Les diré una cosa más que un grupo hace por nosotros. 7. Por último, lo que un grupo puede hacer por nosotros es sacrificio. La verdad es que ellos estuvieron dispuestos a pagar ese techo. Saben que en algún momento el dueño de aquella casa debió preguntar: “¿Quién va a pagar el arreglo del techo?”. Y seguro que lo hizo mirando a los cuatro hombres. Quizás, el más pesimista de ellos dijo: “Les dije que íbamos a tener problemas”. De alguna manera tuvieron que pagar por ese techo. Y eso conllevó un sacrificio. El principio involucrado es: “llevar el mensaje de fe siempre tiene un costo”. La sanidad tiene un costo. Jesús pagó el precio más caro: murió en la cruz. Él dio su vida por nosotros. Pero nosotros debemos estar dispuestos a pagar distintas clases de costos: tiempo, energía, dar una noche por semana que tal vez no queremos dar o ser rechazados. Hay un costo. Hay un sacrificio. Pero vale la pena. Lucas 16:9 dice: Por eso les digo que se valgan de las riquezas mundanas [Sacrifíquense]… para ganar amigos, a fin de que cuando éstas se acaben haya quienes los reciban a ustedes en las viviendas eternas. ¿Saben lo que está diciendo? Jesús dice que los sacrificios pequeños que hago aquí, serán recompensados en la eternidad. Si hago un sacrificio por medio del cual una persona conoce a Cristo, la recompensa y el gozo serán eternos. Esa es la clase de sacrificios que quiero hacer y que quiero que ustedes hagan. No quiero que hagamos sacrificios que solo durarán unos pocos años en este planeta. Quiero hacer sacrificios que van a durar por la eternidad. Sacrifiquémonos. Dice la Biblia en 1 Corintios 3.9: Somos compañeros de trabajo al servicio de Dios. Parte de ese trabajo consiste en sacrificarse. De hecho, cuando dejamos de sacrificarnos, dejamos de vivir. Comenzamos a descansar. Eso es lo único que estamos haciendo. Sacrificarse cuesta. Pero de allí proviene el gozo. Les pregunto a todos los que son casados, ¿alguna vez tuvieron que hacer un sacrificio por su cónyuge? Tal vez, renunciar a una cosa que querían hacer. Sí. Y eso puede ser difícil en el momento, pero es una fuente de gozo. Aquellos que son padres, ¿alguna vez tuvieron que hacer un sacrificio por sus hijos? No les gusta manejar esa camioneta… Pero lo hacen. No les gusta cenar en McDonald's. Pero lo hacen. Porque vale la pena. Porque es una fuente de gozo. El momento del sacrificio es difícil. Pero al final del túnel siempre hay gozo. Los mayores gozos de la vida provienen de los sacrificios más grandes. Me imagino como fue el día en que aquel paralítico se paró y caminó. Puedo ver el gozo en su rostro. Había esperado ese momento toda su vida: levantarse y caminar. Pero no puedo evitar ver también a esos cuatro hombres que lo habían llevado hasta allí; ellos habían creído que Jesús podía sanarlo. Vieron a su amigo ponerse de pie y caminar. ¿Pueden ver el gozo en sus rostros? Es el gozo del sacrificio. Cuando tomamos la decisión de fe de participar en Decisiones Que Sanan Tu Vida, no esperamos solamente que Dios obre en la vida de cada uno individualmente. También queremos ver lo que Dios hará en nosotros como comunidad de creyentes. Quisiera terminar con una oración. Oremos juntos. Oración: Les animo a iniciar esta oración diciéndole a Jesús: “Sáname. Sáname de mis heridas, complejos y malos hábitos. Porque me mantienen estancado. Obra en mi vida este otoño, a pesar de que tengo poca fe para hacer esta oración. Pero Señor, estoy orando. Te pido que me ayudes porque hasta me cuesta creer en mí mismo. Pero creo en ti y te pido que me sanes. Y Señor, también te pido que me uses. Úsame para otros también puedan ser sanos y conozcan tu amor. Señor, tú quieres hacer algo en mí y quieres hacer algo en nosotros. Gracias. Gracias, en el nombre de Jesús. Amén.